BUENOS AIRES.- Amado Boudou fue elegido candidato a vicepresidente por Cristina Fernández como parte de su proyecto de recambio político, generacional, en el peronismo, pero a seis meses de su asunción aparece aislado, acosado por la Justicia y con escasa actividad pública.
En enero pasado, a un mes de asumir con el 54% de los votos, Boudou estaba entre los primeros cuatro políticos de mejor imagen del país, junto a Cristina, Daniel Scioli y Mauricio Macri. Cuatro meses después, en mayo de 2012, la encuestadora Managment & Fit descubrió que el 45,4% de los argentinos tienen opiniones negativas de él; el 16,3% lo ve bien; y el 23,6% lo considera sólo regular. En enero, ocupó durante 20 días el Poder Ejecutivo para cubrir la ausencia de Cristina que fue operada de tiroides con un largo postoperatorio.
El 27 de enero, en un encuentro de los más leales kirchneristas, el país conoció por su boca de la intención reservada de promover la reforma constitucional, para abrir un tercer período a la Presidenta.
Boudou organizó encuentros en Buenos Aires, junto al vicegobernador Gabriel Mariotto, y en otras varias provincias para comenzar a activar la coordinación de los sectores kirchneristas con las conducciones del PJ.
Hacia fines de enero, Boudou estaba en la cima de su actividad política, aunque todavía faltaba que algunos voceros oficiosos lo ubicaran como una de las caras de reemplazo para la Presidencia de 2015, en caso de que no fuera posible la re-reelección de Cristina.
Sin embargo por ese entonces, para sorpresa de todos, el 8 de febrero habló por radio Laura Muñoz, quien en medio de un conflicto de separación con su ex esposo Alejandro Vanderbroele, dijo que su ex marido era "testaferro" del vicepresidente. Y así estalló el escándalo, tanto como las desmentidas.
El fenómeno fue creciendo como un alud y obligó a la Justicia a tomar la acción preventiva de investigar lo que realmente había pasado en la constitución y las beneficios fiscales obtenidos por la ex Ciccone Calcográfica.
Tras la acusación, Boudou tomó distancia, sistemáticamente, de los actos públicos para eludir algún eventual acoso periodístico. Desde el Gobierno, recibía limitados apoyos de funcionarios, ya que tanto Carlos Zannini como Guillermo Moreno, siempre lo quisieron afuera de la mesa chica de la Presidenta.
En el Senado, el oficialismo puso a sus legisladores a votar en contra de un proyecto radical que pedía la formación de una comisión bicameral para analizar las denuncias, mientras algunos pasillos del Congreso se cerraban a todo público cuando iba pasar el vicepresidente.
A seis meses de su asunción, Boudou sufre de una anemia política sorprendente, con apariciones esporádicas y pasos casi secretos por oficinas y dependencias oficiales. Ni siquiera comparable al perfil de los primeros meses, allá por el 2007, de quien luego fue considerado un traidor por el kirchnerismo tras su votación en la resolución 125: Julio Cobos. Boudou, hombre de sonrisa frecuente y espíritu simpático; aparece rodeado de muchos que lo mantiene a distancia, con pocos diálogos públicos y muchos monólogos en voz alta que culmina con una rápida salida del escenario. (DyN)